Cuando Rambal S.A.S BIC conectó su nuevo sistema fotovoltaico en el departamento colombiano de Santander a inicios de 2025, la empresa accionó un impulso regional que ya ha generado más de 28.000 kilovatios-hora de electricidad limpia y evitado la emisión de 17 toneladas de dióxido de carbono. Así lo constatan autoridades locales, para quienes este resultado concreto demuestra que la industria puede prosperar mientras reduce su huella de carbono.

Dos años después de que la iniciativa multianual comenzara a entregar resultados medibles, sus impulsores promocionan una estrategia ambiciosa pero cuidadosamente planeada: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en la base industrial de Santander en un 20 por ciento para 2040 mediante mejoras en eficiencia, modernización tecnológica e inversión deliberada en fuentes de energía renovable, según documentos del proyecto y declaraciones de empresas publicados el 18 de diciembre de 2025.

El esfuerzo de Santander, iniciado en 2021 y que abarca empaques flexibles, metalmecánica, procesamiento de alimentos y otras líneas de manufactura, se perfila como uno de los experimentos más integrales de Colombia en producción baja en carbono. Sus promotores argumentan que la combinación de gestión energética basada en datos, despliegue de energías renovables e innovaciones en empaque ofrece un modelo replicable para el resto de las regiones industriales de América Latina.

Durante casi cinco años, explican los coordinadores del programa, las fábricas han adoptado un enfoque gradual: primero midieron sus inventarios iniciales de gases de efecto invernadero, después atacaron las mayores fuentes de emisiones con modernizaciones tecnológicas dirigidas y proyectos de eficiencia a escala departamental. La instalación solar de Rambal —ubicada en los techos de su planta de fabricación metálica— se ha convertido en el símbolo más visible de ese trabajo, suministrando energía local que reduce la dependencia de redes alimentadas por combustibles fósiles e ilustrando cómo la inversión en energía limpia puede recuperarse en ahorros operacionales.

Impulso en múltiples sectores

Aunque las cifras de Rambal acaparan los titulares, coordinadores del programa señalan que docenas de plantas han instalado sistemas avanzados de medición, modernizado sistemas de iluminación y aire comprimido, y rediseñado cadenas de suministro para disminuir emisiones por transporte. El segmento de empaques flexibles en particular ha implementado sistemas de “dosificación” que ajustan precisamente los insumos de material, permitiendo a las fábricas reducir el consumo de plástico hasta en un 16 por ciento sin sacrificar desempeño del producto, según proyecciones provisionales compartidas con gremios regionales.

Autoridades que supervisan la iniciativa atribuyen su avance a una red de alianzas público-privadas. Organismos ambientales suministraron asesores técnicos durante ejercicios de inventario de carbono; bancos de desarrollo municipal ofrecieron créditos en condiciones preferenciales para instalaciones renovables; y universidades aportaron herramientas de análisis de ciclo de vida que ayudaron a fábricas a cuantificar el impacto climático de cada etapa productiva.

La hoja de ruta hacia 2040

Central para la siguiente fase es la hoja de ruta formal, publicada junto con los resultados solares de Rambal en diciembre de 2025. El documento establece una meta sectorial de reducir emisiones de gases de efecto invernadero un 20 por ciento desde la línea base de 2021 para 2040. El plan descansa en cuatro pilares:

Eficiencia energética: modernizaciones más profundas de motores, calderas y sistemas HVAC.
Modernización tecnológica: automatización y controles digitales que minimizan desperdicios.
Optimización logística: rutas de transporte más cortas y mayores ratios de carga por vehículo.
Descarbonización progresiva: desplazamiento de la demanda de electricidad hacia energía solar, eólica y, donde sea viable, cogeneración con biogás.

Autoridades indican que puntos de verificación intermedios serán revisados cada cinco años para confirmar que las plantas mantienen el rumbo y para recalibrar incentivos si es necesario. Para Rambal, cuya instalación solar ya reduce facturas de electricidad, el siguiente paso incluye almacenamiento en baterías para suavizar la generación intermitente y un estudio sobre electrificación de ciertos procesos intensivos en calor actualmente alimentados por gas natural.

Impulsores económicos

Gerentes que participan en el programa sostienen que los motivos climáticos se alinean con imperativos de rentabilidad. Un ingeniero senior de una instalación de procesamiento de alimentos en Santander —quien solicitó anonimato porque su empresa aún no publica su reporte de sostenibilidad de 2025— señaló que la electricidad representa más del 25 por ciento de los costos operacionales. “Reducir una cuarta parte de esos kilovatios-hora mediante eficiencia y autogeneración es una necesidad competitiva, no solo una buena práctica ambiental”, anotó el ingeniero en una declaración escrita compartida con medios regionales.

De igual forma, clientes exportadores en Europa y América del Norte imponen reglas más estrictas de divulgación de carbono, exigiendo efectivamente a proveedores comprobar avances en emisiones. Las plantas piloto de Santander ya pueden proporcionar inventarios auditados, lo que les da ventaja comercial al competir por contratos de largo plazo, según funcionarios de promoción de exportaciones que facilitaron acuerdos recientes.

Hito de certificación

Más allá de la contabilidad de emisiones, Rambal obtuvo certificación de neutralidad de carbono después de que una auditoría independiente verificara que las emisiones residuales —aquellas aún no eliminadas por eficiencia o energías renovables— fueron completamente compensadas mediante créditos de carbono verificados. La empresa, cuyo portafolio incluye componentes hidráulicos e industriales, completó la auditoría a finales de 2025, cuatro años después de iniciar su proceso de inventario de gases de efecto invernadero. Ejecutivos denominaron esta designación como una “licencia para operar” en mercados donde las compras públicas favorecen cada vez más a proveedores certificados.

Contexto regional

La franja industrial de Santander, anclada en la capital Bucaramanga y municipios satélites como Floridablanca y Girón, contribuye aproximadamente el 4 por ciento del PIB manufacturero de Colombia, según estadísticas nacionales. Aunque esa participación es modesta en comparación con regiones de mayor peso como Antioquia, analistas energéticos señalan que las plantas medianas de Santander son lo suficientemente ágiles para adoptar innovaciones rápidamente, convirtiendo al departamento en un laboratorio ideal para estrategias de descarbonización.

El gobierno nacional colombiano ha fijado su propio objetivo de reducir emisiones en toda la economía un 51 por ciento para 2030 bajo su Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) actualizada. Aunque el programa de Santander antecede ese compromiso, autoridades afirman que la hoja de ruta departamental se alinea sin problemas con prioridades nacionales y podría alimentar lecciones aprendidas hacia la política industrial nacional.

Perspectivas de inversión

El financiamiento sigue siendo una variable crítica. La instalación solar de Rambal se benefició de una deducción tributaria del 50 por ciento disponible bajo la Ley de Energías Renovables de Colombia de 2014, más crédito en condiciones preferenciales de una ventana de banco de desarrollo establecida para PYMES. Proyectos futuros pueden depender de la continuidad de tales incentivos y de la maduración de bonos verdes, que bancos locales comenzaron a emitir apenas en 2022.

No obstante, planificadores son cautelosamente optimistas. Una encuesta de diciembre de 2025 entre 40 fabricantes regionales mostró que el 68 por ciento pretende aumentar gastos de capital en proyectos energéticos durante los próximos tres años, siempre que las tasas de interés se estabilicen. Encuestados citaron el caso de Rambal como evidencia de que los períodos de recuperación pueden ser más cortos que lo originalmente modelado cuando se combinan con mejoras en eficiencia operacional.

Desafíos por delante

Obstáculos persistentes incluyen volatilidad en precios globales de materias primas, que puede complicar adquisición de paneles fotovoltaicos, y la necesidad de infraestructura de red más robusta para absorber generación distribuida. Ingenieros también advierten que ciertos procesos industriales de alta temperatura pueden ser más difíciles de descarbonizar y podrían requerir tecnologías emergentes como hidrógeno verde, opciones aún no competitivas en costo en Colombia.

A pesar de esos riesgos, arquitectos del programa creen que la combinación de señales del mercado y apoyo político propulsará inversión continua. La próxima publicación del reporte de progreso de Santander para 2026 se espera que detalle cifras adicionales de reducción de emisiones y quizás anuncie nuevas plantas piloto explorando calderas de biomasa.

Análisis e implicaciones

La experiencia de Santander subraya un principio más amplio: iniciativas subnacionales pueden funcionar como laboratorios para política climática, particularmente en economías en desarrollo donde recursos nacionales pueden estar limitados. Al alinear incentivos fiscales, asistencia técnica y compromiso del sector privado, el departamento ha trazado un camino que equilibra crecimiento económico con responsabilidad ambiental.

Si la región alcanza sus metas de 2040, no solo validará la narrativa de descarbonización industrial de Colombia sino que también demostrará a países vecinos que conglomerados manufactureros de mediana escala pueden adoptar energías renovables sin comprometer competitividad. Además, los puntos de verificación iterativos cada cinco años crean un ciclo de retroalimentación probable de refinar mejores prácticas y eliminar tácticas de bajo desempeño, un enfoque que podría informar futuras revisiones de la NDC de Colombia.

Sin embargo, el éxito dependerá de mantener impulso político y financiero. Cambios en liderazgo departamental o giros en mercados crediticios globales podrían desacelerar el progreso. Para mitigar tales riesgos, observadores recomiendan incorporar las metas de la hoja de ruta en regulaciones vinculantes y expandir acceso a instrumentos de finanzas mezcladas que reduzcan el costo de capital para proyectos verdes.

Por ahora, las fábricas de Santander ya están entregando beneficios climáticos medibles: electricidad cero-carbono fluyendo desde paneles en techos de Rambal, empaque más ligero saliendo de líneas de producción, y un registro de emisiones rico en datos que ejecutivos pueden presentar a clientes cada vez más exigentes. Esos logros proporcionan prueba tangible de que la descarbonización industrial en Colombia no es meramente aspiracional: está en marcha, kilovatio a kilovatio, tonelada a tonelada.

Fuentes

  • https://www.ntn24.com/noticias-actualidad/departamento-colombiano-se-convertira-en-ejemplo-de-sostenibilidad-industrial-gracias-a-proyecto-que-lleva-casi-5-anos-596704