Sin ese porcentaje resuelto en la etapa de diseño, cualquier argumento de recolección posconsumo pierde coherencia técnica desde la especificación
El numero que manda
Nestlé Centroamérica reportó haber recuperado más de 1.700 toneladas de plástico posconsumo durante 2024 a través de su programa Reciclando Ando, articulado en recolección comunitaria, puntos de venta y alianzas con retailers como Walmart, Eskimo y Hanter Metal. La propia empresa describe ese volumen como equivalente al peso de aproximadamente 160 camiones recolectores vacíos, asumiendo un promedio de 11 toneladas por unidad.
El dato fue comunicado en el marco del Día Mundial del Reciclaje y proviene directamente de la compañía. La fuente disponible no identifica auditoría externa ni metodología de verificación independiente del volumen total. Para un comprador de empaques, esa aclaración no invalida el número, pero sí define su uso más útil: referencia operativa de escala en un mercado emergente, no benchmark auditado para compromisos regulatorios propios.
Que hay detras del numero
El volumen descansa sobre tres pilares articulados. El primero es el rediseño del portafolio: al cierre de 2024, Nestlé reportó que más del 89% de sus empaques plásticos en Centroamérica están diseñados para ser reciclados. Sin ese porcentaje resuelto en la etapa de diseño, cualquier argumento de recolección posconsumo pierde coherencia técnica desde la especificación.
El segundo pilar es infraestructura de recolección. En Nicaragua, la compañía instaló siete estaciones Punto Verde en supermercados La Unión y tiendas Walmart, sumadas a alianzas con actores del sector consumo masivo. Esta red amplía el acceso del consumidor a puntos de entrega formales, un cuello de botella crónico en mercados donde la recolección diferenciada municipal no existe o es irregular. El pilar educativo cierra el ciclo: según la Gerente de Sostenibilidad de la empresa, la separación en origen, los envases limpios y la entrega en puntos autorizados son condición necesaria para que los materiales puedan valorizarse en la cadena recicladora.
La arquitectura diseño–infraestructura–comportamiento no es novedosa en FMCG. Lo inusual para la región es el nivel de detalle geográfico reportado: la empresa afirma haber avanzado hacia la gestión del 100% de su huella plástica posconsumo en Costa Rica y El Salvador, una granularidad de reporte que establece un piso de exigencia para quienes compiten en las mismas categorías.
Lo que esto vale en tu operacion
Para compradores de empaques que operan en mercados latinoamericanos o evalúan compromisos de contenido PCR y responsabilidad extendida, el modelo entrega tres señales concretas.
Primera: el umbral del 89% de diseño reciclable es alcanzable dentro de un portafolio plástico diverso bajo regulación EPR todavía emergente. Si tu empresa no tiene una cifra equivalente medida por sustrato, este dato puede servir como argumento interno para exigirla antes de que la regulación lo demande.
Segunda: la dependencia de alianzas con retailers para construir puntos de recolección confirma que ningún programa unilateral de recuperación posconsumo alcanza escala sin un socio en el canal. Para compradores en categorías donde el retailer también es cliente, esa es una palanca de negociación que generalmente no aparece en la agenda de abastecimiento pero que aquí tiene un precedente operativo documentado.
Tercera: el contraste entre las 1.700 toneladas regionales y la única tonelada métrica tratada en las dos primeras estaciones nicaragüenses durante 2024 ilustra con precisión la velocidad de maduración de un punto de recolección nuevo. Esa curva es lenta, y tiene implicaciones directas para cualquier cronograma de cumplimiento EPR que tu empresa esté construyendo en un mercado sin infraestructura establecida.
Lo que el dato no dice
La fuente no desglosa el mix de resinas dentro de las 1.700 toneladas. Para un comprador, la diferencia entre HDPE, PET, PP y LDPE recuperado es operativamente material: determina qué fracción es técnicamente apta para contenido reciclado en empaques y qué fracción va a valorización energética u otras rutas. Sin ese desglose por sustrato, el volumen total no permite calcular cuánto contenido PCR regresa efectivamente al ciclo de empaque.
Tampoco está claro si “avanzar hacia el 100% de la huella plástica gestionada” en Costa Rica y El Salvador significa haber alcanzado ese objetivo o haberlo aproximado. La redacción en la fuente utiliza lenguaje de progreso, no de cumplimiento. Esa distinción importa si el modelo se evalúa frente a auditores externos o reguladores que requieren precisión en la afirmación.
Finalmente, el reporte no desglosa el costo por tonelada recuperada ni la proporción financiada por Nestlé versus sus aliados. Sin esa estructura de costo, replicar el modelo en otro mercado exige asumir supuestos que pueden ser materialmente incorrectos.
La pregunta de implementacion
Antes de usar este modelo como referencia interna, una pregunta concreta para tu equipo: ¿qué porcentaje del plástico que compramos hoy está clasificado por sustrato con suficiente precisión como para calcular nuestra huella plástica posconsumo en cada mercado donde vendemos?
Si la respuesta es “no lo sabemos con certeza”, el primer paso no es el programa de recolección. Es el inventario por sustrato que hace cualquier modelo de recuperación posconsumo rastreable y, cuando llegue la auditoría, defendible.
Fuentes
- Radioabcstereo — Nestlé recupera más de 1.700 toneladas de plástico de empaques posconsumo, fortaleciendo la gestión de (Link)
