El riesgo es que sin una estrategia más amplia, el cumplimiento formal no produzca economía circular

El punto de quiebre

Durante décadas, la conversación de sustentabilidad en el sector empaque giró en torno a materiales: cambiar el sustrato, reducir el gramaje, explorar bioplásticos. El consenso que emergió en la conferencia previa a EXPO PACK México 2026 —celebrada el 19 de mayo en Ciudad de México— es más incómodo: cambiar el material no es suficiente, y la nueva arquitectura regulatoria mexicana está formalizando esa exigencia.

La Ley General de Economía Circular, publicada en enero de 2026, introduce corresponsabilidad explícita a lo largo de toda la cadena de valor del empaque. Ya no es solo el consumidor final quien carga con el residuo; el diseño, la selección de materiales y la trazabilidad del empaque quedan dentro del perímetro legal de quienes los producen y los usan. Lo que todavía no existe es el reglamento que operacionalice esa corresponsabilidad: sin él, los compradores de empaques no saben con precisión qué se medirá, qué se sancionará ni en qué plazos.

Donde se acelero el cambio

Tres fuerzas convergieron para que este momento no sea solo retórico.

Primero, la presión regulatoria: México se une a la tendencia global de legislar la responsabilidad extendida al productor (EPR), aunque la AMEE —Asociación Mexicana de Envase y Embalaje— advirtió públicamente que la ley actual tiende a verse como un instrumento para deshacerse de la basura sin costo, no como una política de circularidad real. El riesgo es que sin una estrategia más amplia, el cumplimiento formal no produzca economía circular.

Segundo, la tecnología de trazabilidad está creando una palanca nueva. El presidente de la AMEE señaló que el código de barras 2D permitirá capturar información sobre materiales a lo largo del ciclo de vida del empaque, habilitando acciones ambientales concretas tanto por parte de empresas como de consumidores. Para los compradores de empaques, esto no es un detalle cosmético: significa que las especificaciones técnicas del empaque empezarán a incluir requerimientos de identificación y sorteo que hoy no están en los pliegos de compra.

Tercero, el sector reconoce que la infraestructura de reciclaje está fragmentada. Existen actores especializados —PetStar, vinculado a los embotelladores de la Industria Mexicana de Coca-Cola, opera como referencia en PET— pero la brecha para incluir a pequeñas y medianas empresas transformadoras es significativa. La Canainca fue directa: los materiales sin valor de mercado —aquellos que nadie quiere recopilar— son el problema no resuelto, y resolverlo requiere inversión pública y privada que aún no existe a escala.

Donde golpea esto a Compradores de Empaques

El impacto operativo se concentra en tres áreas que los compradores de empaques gestionan directamente.

Especificaciones de sustrato. La corresponsabilidad de la ley convierte a los laminados o estructuras multicapa elegidos por razones estéticas o de barrera en un riesgo legal y reputacional. El director de Amexiccor lo planteó en términos concretos: si antes se aceptaba un laminado plástico porque se veía bien, ahora el cartón corrugado tendrá que evolucionar para ofrecer protección equivalente con mayor reciclabilidad. Ese rediseño implica trabajo de especificación, pruebas de desempeño y cambios de control coordinados con R&D y calidad.

Capacidades de maquinaria y proceso. Los estudios de PMMI citados en la conferencia identifican la recuperación de desperdicio, la flexibilidad para procesar múltiples materiales sostenibles y el monitoreo energético como capacidades críticas para cumplir metas de circularidad. Para el comprador de empaques la lectura es directa: sus proveedores de envase tendrán que demostrar que sus plantas son compatibles con estas exigencias, lo que debe trasladarse a los criterios de calificación de proveedor.

Costo total de propiedad. La AMEE fue explícita: las ideas de circularidad abundan, pero la viabilidad económica es donde empieza el problema. Los empaques flexibles, por ejemplo, no están valorizados en el mercado secundario mexicano, lo que significa que su uso continuo puede quedar expuesto a obligaciones de EPR sin el soporte de un sistema de recuperación que absorba el costo. Mientras no exista el reglamento, calcular ese costo es especulativo, pero ignorarlo es un riesgo presupuestario diferido.

Que aun podria cambiar la lectura

El factor más determinante es la velocidad y el contenido del reglamento. Si define umbrales de contenido reciclado, calendarios de cumplimiento por categoría y mecanismos de tarificación para materiales sin valor, el nivel de exposición para cada categoría de empaque cambiará radicalmente. Si el reglamento se retrasa o resulta vago, el riesgo inmediato se mantiene bajo pero la incertidumbre en la planificación de largo plazo se profundiza.

Tampoco está claro qué escala alcanzarán los incentivos para desarrollar empresas transformadoras de materiales. Sin esa infraestructura, la economía circular en flexibles y en materiales compuestos no es viable a corto plazo, independientemente de lo que diga la ley.

Finalmente, la adopción del código de barras 2D como estándar operativo en la cadena de empaques mexicana no tiene plazos confirmados. Su potencial como habilitador de trazabilidad es real, pero mientras no haya mandato o adopción masiva por parte de las marcas, su impacto en las especificaciones de compra es todavía prospectivo.

La pregunta que esto deja a tu equipo

¿Cuáles de los sustratos que hoy compramos quedarán expuestos a obligaciones de EPR con costo no cubierto por infraestructura de reciclaje —y tenemos ya un plan de rediseño o de cambio de proveedor para esas categorías antes de que llegue el reglamento?


Fuentes

  • Vanguardia-industrial — La industria del empaque enfrenta el reto de la circularidad – Vanguardia Industrial (Link)