Lo que hoy parece un criterio ESG secundario puede convertirse mañana en condición de contrato o requisito de due diligence antes de una renovación

Las senales que se estan acumulando

La narrativa clásica en las salas de compras ha sido: la sostenibilidad es cara, el mercado no paga la diferencia, y la presión vendrá después. Esa postura se está volviendo costosa.

Un análisis de posicionamiento estratégico publicado en julio de 2026 por Francisco Suárez —ejecutivo con trayectoria en FEMSA Empaque y exdirector de sostenibilidad de FEMSA— sostiene que las empresas que operan con criterios de sostenibilidad construyen relaciones más sólidas y mantienen ventajas competitivas más duraderas. En el contexto de empaques, esa afirmación tiene una traducción operativa concreta: los proveedores de packaging que avanzan en economía circular y eficiencia de recursos ya se están diferenciando en su acceso a capital y en su capacidad para cumplir exigencias de mercados internacionales.

El mismo análisis señala que las empresas adelantadas en esta transición suelen estar mejor preparadas para regulaciones futuras y cambios en las preferencias de consumo. Para un comprador de empaques en FMCG o farmacéutica, eso se traduce en un riesgo de abastecimiento concreto: los proveedores que no hayan invertido en procesos con menor huella —en energía, agua o contenido reciclado— pueden quedar fuera de licitaciones ligadas a EPR o a compromisos corporativos de contenido PCR, sin previo aviso.

Las compañías citadas como referencia de esta transición incluyen a Heineken —con programas activos de empaque sostenible y eficiencia hídrica—, Coca-Cola FEMSA, LEGO y HP Inc, que han integrado recuperación de materiales y economía circular directamente en sus modelos operativos. Cuando los grandes clientes de sus propios proveedores de packaging exigen estas condiciones, el estándar de la cadena completa sube, y los proveedores que no alcancen ese nivel simplemente salen del universo elegible.

Por que nadie lo esta nombrando

El patrón es difícil de nombrar porque la señal llega fragmentada. El área de sostenibilidad corporativa habla de metas de carbono. R&D habla de barreras funcionales. Finanzas ve el sobrecosto del PCR frente al virgen. Compras termina mediando entre tres conversaciones que no convergen en una sola pregunta operativa: ¿estamos calificando proveedores con criterios que reflejen hacia dónde va la regulación?

Suárez argumenta que la rentabilidad debe evaluarse más allá del resultado trimestral, considerando la capacidad de crear valor económico, social y ambiental. Esa lógica es exactamente la que aplican hoy los grandes compradores institucionales —y los fondos de inversión que financian a los proveedores— en sus evaluaciones. Lo que hoy parece un criterio ESG secundario puede convertirse mañana en condición de contrato o requisito de due diligence antes de una renovación.

Existe además un sesgo estructural: los compradores de empaques están entrenados para optimizar costo por unidad, lead times y desempeño técnico del substrato. El riesgo regulatorio futuro o la legitimidad operativa del proveedor ante comunidades locales no entra fácilmente en el modelo de TCO estándar. El resultado es que las señales se acumulan sin convertirse en criterio de calificación, hasta que una regulación las impone y elimina el margen de maniobra.

Que pasa si el patron continua

Si la dirección actual se mantiene —y nada en el entorno regulatorio o de inversión sugiere que vaya a revertirse— los compradores de empaques enfrentarán un escenario en el que la base de proveedores elegibles se estrecha por criterios que hoy no están completamente integrados en sus scorecards de evaluación.

El primer frente es regulatorio. Los esquemas de EPR se están endureciendo en Europa y avanzando en Latinoamérica. Los proveedores que no puedan documentar su huella ambiental, su uso de contenido reciclado o su eficiencia hídrica quedarán excluidos de cadenas con compromisos de reporte público. Eso reduce la presión competitiva disponible en categorías críticas —flexibles barrera, rígidos en PET, corrugado con liner kraft— justo cuando más se necesita.

El segundo frente es financiero. Un proveedor de empaques que haya invertido antes en procesos sostenibles puede escalar capacidad con mejor costo de capital. Los compradores que hoy trabajan con esos proveedores tienen acceso preferencial a esa capacidad futura. Los que no, pueden enfrentar restricciones de supply cuando la demanda se concentre en los proveedores certificados y la ventana de calificación de alternos se haya cerrado.

El tercer frente es menos documentado pero operativamente real: la licencia social de los proveedores. Un proveedor de empaques con conflictos comunitarios activos, sin transparencia ambiental o sin estándares laborales auditables representa un riesgo de continuidad que no aparece en el precio unitario, pero sí en una interrupción de planta que ningún plan de continuidad de negocio puede absorber sin costo.

Lo que puedes hacer antes de que sea obvio

La ventana de acción está en la fase de calificación de proveedores, antes de que las regulaciones impongan los criterios y eliminen la flexibilidad de negociación.

Primero, revisa si tu scorecard de evaluación incluye criterios de sostenibilidad operativa verificables —no solo declaraciones en cuestionario, sino evidencia auditable: eficiencia energética, gestión de agua, disponibilidad de contenido PCR, reporte de emisiones de alcance 1 y 2. Si no los incluye, el momento de incorporarlos es en el próximo ciclo de RFQ, no después de una regulación.

Segundo, identifica qué proveedores en tus categorías de mayor exposición han invertido en infraestructura de material reciclado o en procesos de economía circular. La diferencia entre un proveedor que ya opera con esos parámetros y uno que lo planea para 2027 es relevante si tu empresa tiene compromisos de reporte de PCR en curso.

Tercero, lleva esta conversación al equipo de compras antes de que llegue como requerimiento urgente desde el área de sostenibilidad corporativa. Los compradores que integran estos criterios de forma proactiva tienen tiempo para negociar condiciones, calificar alternos y ajustar especificaciones. Los que esperan la instrucción corporativa negocian bajo presión de tiempo, y eso siempre tiene un costo que no aparece en el índice de resinas pero sí en el presupuesto final de la categoría.

La pregunta no es si la sostenibilidad entrará en los criterios de empaques. Es si tu organización la incorporará antes de que sea obligatoria, o después.

Fuentes

  • Diariojudio — Acciones Sostenibles: La Rentabilidad De Hacer Las Cosas Bien. – Diario Judío México (Link)