El 8 de enero de 2026, la Secretaría Municipal de Salud de Dosquebradas en el departamento de Risaralda emitió una alerta pública urgente tras descubrir lotes falsificados de leche en polvo Proleche e Induleche circulando aún en tiendas del barrio, a pesar de una advertencia nacional anterior. Los funcionarios exhortaron a los residentes a dejar de comprar los productos sospechosos de inmediato, comprometiéndose a realizar visitas sorpresa para decomisar cualquier stock restante y proteger a los consumidores de posibles riesgos sanitarios.

El anuncio profundizó las preocupaciones señaladas inicialmente por el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima), que semanas atrás había solicitado a las autoridades locales rastrear artículos lácteos falsificados en todo el país. Los hallazgos más recientes en Dosquebradas confirman que distribuidores ilícitos continúan canalizando leche en polvo falsa hacia puntos de venta ordinarios, evidenciando los desafíos que enfrenta Colombia para frenar la falsificación de alimentos y salvaguardar la salud pública.

La alerta de Dosquebradas, difundida por periódicos regionales y medios nacionales como Infobae, se centra en dos productos de leche entera fortificados con vitaminas A y D: Proleche en bolsas de 380 gramos (lote CE09GE18) e Induleche en latas de 800 gramos. En ambos casos, los propietarios originales de las marcas verificaron al Invima que los bienes en los estantes locales no fueron producidos en sus plantas, haciendo que no sean aptos para la venta.

El empaque reveló el fraude. Diana Fernández Quitián, técnica del departamento de salud, explicó que las bolsas falsificadas de Proleche llevaban números de registro sanitario obsoletos, usaban la palabra “ADICIONADA” en lugar de “FORTIFICADA” requerido por ley, y mostraban códigos de lote y fechas de vencimiento inconsistentes con los registros empresariales. Las latas de Induleche presentaban un conjunto diferente de problemas: colores más apagados, fuentes alteradas, errores ortográficos y sellos mal aplicados, signos que llevaron al Invima a clasificar los artículos como falsificados bajo la alerta de salud 415-2025.

Dado que los alimentos falsificados eluaden controles de calidad, las autoridades advierten que pueden contener ingredientes no declarados, aditivos nocivos o patógenos introducidos durante el reempaque en condiciones antihigiénicas. Para frenar la exposición, los inspectores de Dosquebradas planean visitar supermercados, tiendas de barrio y mercados informales para confiscar cualquier paquete de los lotes sospechosos. Los comerciantes sorprendidos vendiendo los artículos podrían enfrentar sanciones administrativas y posibles denuncias penales.

Se pidió a los residentes que escudriñen las etiquetas en busca de defectos de impresión, verifiquen que los números de registro comiencen con la secuencia actual de Invima, y compren leche únicamente en proveedores de confianza. Cualquiera que ya haya consumido los productos cuestionables debe estar atento a molestias digestivas, fiebre u otros síntomas inusuales, e informar de incidentes a la línea de atención al consumidor de la secretaría de salud.

La redada sigue un patrón observado en toda Colombia en años recientes. Según datos del Invima, los productos lácteos, particularmente la leche en polvo y el queso, se han convertido en un blanco principal para falsificadores porque son fáciles de reempacar y tienen alta demanda en comunidades de bajos ingresos. Los defraudadores frecuentemente compran leche en polvo de grado industrial o sustitutos más baratos, los mezclan con almidones o aditivos no aprobados para mejorar la textura, e imitan etiquetas populares para atraer consumidores. Los márgenes pueden ser significativos, especialmente cuando evitan costos de sanitización y eluden canales de distribución formales.

Las autoridades sanitarias enfatizan que no se han documentado intoxicaciones serias vinculadas a las imitaciones de Proleche o Induleche hasta el momento, pero prefieren la acción preventiva a esperar informes hospitalarios. “El simple hecho de vender un alimento sin registro es una infracción de salud pública”, dijo Fernández Quitián durante la rueda de prensa municipal. “Estamos actuando para mantener segura a nuestra comunidad y para enviar un mensaje de que falsificar alimentos en Dosquebradas no quedará impune”.

Más allá de decomisar los productos, la secretaría local remitirá cualquier evidencia a la Fiscalía General de la Nación para coadyuvar en investigaciones nacionales sobre las redes detrás de la estafa. El Invima mantiene un portal nacional de alertas donde se publican nuevos hallazgos de falsificaciones, permitiendo que otros municipios verifiquen números de lote y coordinen la aplicación de la ley.

Actualización separada de seguridad del consumidor sobre cepillos dentales

Mientras los inspectores se enfocaban en estantes de lácteos, el Invima también se movió para simplificar otro segmento del mercado de bienes de consumo. El 6 de enero, la Junta Especializada del organismo en Dispositivos Médicos y Reactivos para Diagnóstico In Vitro votó unánimemente que los cepillos dentales convencionales—tanto modelos manuales como eléctricos utilizados para higiene oral diaria—ya no califican como dispositivos médicos. La sentencia, registrada en el Acta No. 13, exime a fabricantes e importadores de obtener registro sanitario para estos productos.

Según el Invima, los cepillos dentales estándar se clasifican como objetos de “clase de riesgo I” cuyo único propósito es la limpieza mecánica de dientes, encías y lengua. Como no suministran sustancias medicinales y no requieren supervisión clínica especializada, exigir un registro ofrecía pocos beneficios de salud pública mientras agregaba costos que finalmente se trasladaban a los consumidores. La decisión aplica a la mayoría de cepillos vendidos en supermercados, farmacias y plataformas en línea.

La junta trazó una línea clara, sin embargo, alrededor de los cepillos dentales ultrasónicos o de radiofrecuencia, que despliegan ondas energéticas para remover placa bacteriana y cálculo por debajo de la línea de la encía. Dado que estos dispositivos pueden erosionar el esmalte dental si se usan incorrectamente y están diseñados principalmente para prácticas odontológicas profesionales, permanecen sujetos a registro sanitario, vigilancia post-comercialización y auditorías de sistemas de gestión de calidad.

Los grupos industriales acogieron favorablemente la aclaración, señalando que las normas colombianas habían sido más estrictas que las de muchos países vecinos, elevando costos para fabricantes pequeños. Los minoristas ahora anticipan ciclos de reabastecimiento más rápidos y una variedad más amplia de diseños de cepillos. Para dentistas, la distinción también simplifica las instrucciones a pacientes: los cepillos ordinarios pueden adquirirse libremente, mientras que los dispositivos de potencia especializados deben obtenerse a través de canales profesionales.

Los defensores de la salud pública advierten que la regulación menos estricta no exime a las empresas de responsabilidad. Los cepillos dentales deben cumplir aún con los estándares de etiquetado de Colombia—listando dureza de cerdas y materiales—y acatar leyes básicas de protección al consumidor. El Invima retiene la potestad de retirar artículos que desprendan cerdas, contengan plásticos tóxicos o se comercialicen con afirmaciones terapéuticas engañosas.

Análisis: desafíos compartidos en protección del consumidor

Juntas, la alerta de leche en polvo y la reclasificación de cepillos dentales ilustran dos caras del desafío regulatorio de Colombia. Por un lado, las autoridades se enfrentan a actores criminales que falsifican artículos de consumo diario, una amenaza que requiere vigilancia continua, cooperación interinstitucional y aplicación rápida de la ley para proteger a los compradores más vulnerables. Por el otro, los reguladores buscan oportunidades para simplificar la burocracia sin comprometer la seguridad, liberando recursos para monitorear productos de mayor riesgo.

La capacidad del sector público es finita, y priorizarla importa. Al eliminar requisitos de registro para cepillos dentales de bajo riesgo, el Invima puede reasignar inspectores a fraude alimentario, implantes médicos y otros sectores donde los riesgos son mayores. Sin embargo, el éxito también depende de consumidores informados: personas que verifiquen dos veces las etiquetas de leche en polvo, comprendan los límites de un cepillo ordinario, y se sientan empoderadas para reportar irregularidades. En ese sentido, el llamado a la vigilancia de Dosquebradas y la transparencia del Invima sobre sus cambios regulatorios son movimientos complementarios hacia un sistema de salud pública más resiliente.

Fuentes

  • https://www.infobae.com/colombia/2026/01/08/alerta-en-risaralda-por-comercializacion-de-leche-en-polvo-falsificada-que-el-invima-ya-habia-reportado/