La reforma no es un ajuste incremental: es un rediseño estructural del sistema de perfil de nutrientes y de los criterios visuales de los empaques

Enfoque de decisión

Colombia está en consulta pública para una reforma de etiquetado frontal que, si se aprueba tal como está redactada, exige rediseñar la totalidad de los empaques de alimentos antes de que venza un período de transición de apenas seis meses —la mitad de lo que otorgó la norma anterior. La presión no es solo de cumplimiento: la propuesta introduce un sello de “ultraprocesados” sin precedente regulatorio internacional y obliga a colocar todos los sellos de advertencia en empaques de entre 5 y 30 cm², un espacio donde la coexistencia física de esa información es técnicamente inviable según los actores del sector. Para un comprador de empaques con portafolios de múltiples referencias, el reloj ya corre.

Resumen en 90 segundos

Esta semana, el Ministerio de Salud de Colombia ha circulado un borrador normativo que impondría seis cambios simultáneos al etiquetado frontal de alimentos, incluyendo un sello inédito para productos “ultraprocesados”. La ANDI estima costos de adaptación superiores a 106.000 millones de pesos solo para una fracción de sus afiliados, con entre 5 y 8 millones de pesos por referencia actualizada. El período de transición propuesto es de seis meses. La norma aún está en consulta pública y no ha sido promulgada.

¿Qué está pasando realmente?

La reforma no es un ajuste incremental: es un rediseño estructural del sistema de perfil de nutrientes y de los criterios visuales de los empaques. El cambio más disruptivo para operaciones de packaging es la obligación de incluir todos los sellos de advertencia —incluyendo el nuevo sello de ultraprocesados y los de exceso en sodio, azúcares o grasas saturadas— en empaques cuya cara principal mide entre 5 y 30 cm². La industria señala que esto genera una imposibilidad física de cumplimiento para muchos formatos de venta masiva.

Los cambios en las reglas visuales de las tablas nutricionales —que afectan los formatos estándar, simplificado y tubular— obligan a reimprimir todos los empaques sin excepción de formato. El sello positivo actual (“visto bueno” azul) desaparece y se reemplaza por una “cara feliz” con alcance restringido, lo que altera el diseño gráfico de categorías enteras de productos. El sector advierte además que el Invima no tiene capacidad operativa para tramitar el volumen masivo de solicitudes de agotamiento de etiquetas que se generaría en esa ventana de seis meses.

¿Por qué importa para Compradores de Empaques?

El impacto operativo para un comprador de empaques tiene tres vectores simultáneos. Primero, la demanda de reimpresión masiva y simultánea de etiquetas y planchas en un plazo comprimido colapsaría la capacidad de los proveedores: los fabricantes más pequeños quedarían en última prioridad de atención, pero los compradores de grandes portafolios también enfrentarán cuellos de botella en planchas, cireles y tiempos de arte. Segundo, el costo por referencia —estimado entre 5 y 8 millones de pesos— se multiplica rápidamente en portafolios con decenas o cientos de SKUs, erosionando márgenes en un momento en que los precios de materiales ya están bajo presión por factores logísticos internacionales. Tercero, la fecha límite de agotamiento de existencias propuesta para el 15 de agosto de 2027 no se alinea con los ciclos de inventario de muchas operaciones, lo que puede forzar desperdicio masivo de material impreso y una exposición de inventario no planificada.

Perspectiva a futuro

La norma está en consulta pública y no ha sido promulgada; la ANDI y ACTA están presionando activamente para extender el período de transición y revisar los requisitos técnicos. Sin embargo, el patrón regulatorio colombiano en etiquetado frontal —cuatro modificaciones normativas en menos de tres años, según actores del sector— sugiere que la incertidumbre de diseño persistirá incluso si este borrador se modera. Para los compradores de empaques, eso significa que bloquear arte, comprometer corridas largas o firmar contratos de largo plazo con especificaciones actuales en Colombia es una posición de riesgo elevado. La respuesta operativa más racional en este momento es acortar los horizontes de compromiso de inventario de etiquetas, mapear qué referencias caen en formatos de entre 5 y 30 cm², y evaluar con proveedores de impresión los tiempos reales de respuesta ante un cambio masivo simultáneo.

Lo que aún es incierto

  • Texto final de la norma y fecha de promulgación: La propuesta está en consulta pública. No hay fecha confirmada de publicación oficial. Lo que resolvería esta incertidumbre: el resultado de la consulta pública y la publicación del texto definitivo en el Diario Oficial.
  • Extensión del período de transición: El borrador propone seis meses, pero la presión gremial podría modificarlo. Hasta que el texto se promulgue, no es posible fijar un calendario de implementación. Lo que resolvería esto: declaración formal del Ministerio de Salud sobre el plazo definitivo.
  • Viabilidad técnica de los sellos en formatos pequeños: La norma exige cumplimiento en empaques de 5–30 cm², pero no hay evidencia publicada de que el regulador haya resuelto la imposibilidad física señalada por la industria. Lo que resolvería esto: una resolución técnica del Ministerio o una exención explícita por tamaño de empaque.
  • Capacidad real del Invima para tramitar solicitudes masivas: El sector advierte sobre un colapso institucional, pero no hay datos oficiales sobre la capacidad de procesamiento del Invima bajo este escenario. Lo que resolvería esto: una declaración oficial del Invima con tiempos de respuesta estimados.

Una pregunta para tu equipo

¿Cuántas referencias activas de tu portafolio colombiano tienen empaques con cara principal entre 5 y 30 cm², y cuánto inventario de material impreso tienes comprometido hoy que quedaría fuera de norma si la regulación se promulga con el texto actual?


Fuentes

  • Thefoodtech — Nueva ley de etiquetado frontal en Colombia: ¿qué cambia y a quién afecta? (Link)