México avanza hacia la implementación de la Ley General de Economía Circular, cuyo reglamento aún está pendiente de publicación

La presion del sistema

Durante años, la conversación sobre empaques sostenibles se concentró en el diseño: mono-materiales, contenido reciclado postconsumidor, compatibilidad con corrientes de reciclaje existentes. Ese frente sigue activo, pero ha dejado de ser el cuello de botella determinante. Lo que frena hoy la economía circular en empaques no es la ingeniería del material sino la infraestructura que debería recuperarlo después de que el consumidor lo descarta.

Tehicú Valenzuela, Sr. Manager Package Sustainability Innovation de Colgate-Palmolive en México, lo formula con precisión clínica: “El reto principal está en campañas de postconsumo.” La observación importa no porque provenga de una empresa en particular, sino porque Colgate-Palmolive opera a una escala que le permite ver el sistema completo —diseño, producción, distribución, uso y disposición final— y aun así señala el tramo postconsumo como su punto más frágil.

El modelo teórico de la economía circular asume que cada unidad vendida puede convertirse en una unidad de retorno. La brecha operativa está en que ese retorno no tiene la estructura, la densidad de carga ni la previsibilidad que caracteriza a la distribución saliente. La cadena hacia adelante fue optimizada durante décadas; la de retorno apenas está comenzando a construirse.

Drivers, dependencias y restricciones

Tres fuerzas presionan el sistema simultáneamente y sus interacciones reducen el margen de maniobra.

La presión regulatoria es la más definitoria en términos de plazo. México avanza hacia la implementación de la Ley General de Economía Circular, cuyo reglamento aún está pendiente de publicación. Según el equipo de Colgate-Palmolive, cuando ese reglamento entre en vigor ya no bastará demostrar que un empaque es técnicamente reciclable: las empresas deberán acreditar que el material fue efectivamente recuperado y reincorporado al ciclo productivo. La diferencia entre reciclabilidad declarada y reciclaje demostrado representa un salto cualitativo en exigencia de evidencia que requiere infraestructura logística, no solo innovación en materiales.

La trazabilidad se convierte en dependencia crítica antes que en diferenciador. Colgate-Palmolive opera un dashboard de seguimiento que, con datos de proveedores integrados, permite rastrear el plástico desde su origen hasta su reincorporación a lo largo de la cadena de valor. El sistema funciona razonablemente bien dentro de la cadena controlada, pero pierde visibilidad exactamente donde comienza el tramo más crítico: entre el momento en que el consumidor descarta el envase y el momento en que un recolector lo acopió. Valenzuela llama a ese intervalo “el gap.”

La economía de la recuperación es la restricción que convierte ese gap en problema estructural. La logística inversa postconsumo opera con volúmenes fragmentados, redes de recolección informales, baja densidad de carga y costos de consolidación elevados. “Desde la parte logística es lo más complejo y lo que muchas veces lo hace económicamente inviable”, admite Valenzuela. Esta no es una observación marginal: proviene de una empresa con recursos suficientes para lanzar pilotos simultáneos en escuelas y supermercados. Si para ellos la escala económica sigue siendo el obstáculo, el umbral es notablemente más alto para operadores más pequeños.

La interdependencia entre estas tres fuerzas crea un sistema con poca holgura: la regulación empujará hacia la demostración de recuperación efectiva, esa demostración requiere infraestructura de acopio, y dicha infraestructura no es viable sin volumen consolidado de múltiples actores. El círculo solo se cierra si la carga logística es compartida.

Dependencias abiertas

El reglamento de la Ley General de Economía Circular no ha sido publicado. Hasta que no existan métricas oficiales y procedimientos definidos, las empresas operan con compromisos voluntarios sin un estándar de cumplimiento auditable. Esa ambigüedad genera el riesgo de que los esfuerzos actuales —centros de acopio piloto, dashboards de trazabilidad— no sean comparables ni suficientes bajo el esquema regulatorio que eventualmente se apruebe.

Tampoco está definido qué actores de la cadena absorberán el costo de la logística inversa cuando el modelo pase de piloto a obligatorio. Los programas de Colgate-Palmolive incluyen colaboración con retailers y comunidades, pero la viabilidad financiera a gran escala depende de condiciones aún no establecidas: quién financia la consolidación, qué calidad mínima de material acepta el reciclador, y con qué frecuencia se operan las rutas de recolección.

Finalmente, la transferibilidad tecnológica tiene límites prácticos. La empresa ha declarado que su tecnología de reciclaje está abierta a la industria, pero el acceso a la metodología no resuelve la ausencia de infraestructura compartida de acopio.

La exposicion operativa para Compradores de Empaques

El cambio más relevante para un comprador de empaques no es de diseño sino de responsabilidad extendida del producto. Las especificaciones ya no se cierran al entregar el producto al consumidor final; el ciclo de vida del material empieza a formar parte del expediente de cumplimiento regulatorio.

Esto tiene consecuencias concretas en tres áreas. En contratos con proveedores: si la regulación exigirá demostrar recuperación efectiva, los pliegos de especificaciones tendrán que incluir criterios de acopiabilidad y reciclabilidad real —no solo técnica—, lo que modifica el diálogo de calificación y la lógica de TCO. En sistemas de trazabilidad propios: los compradores que no tienen visibilidad sobre el destino postconsumo de sus empaques estarán en desventaja ante una auditoría regulatoria, independientemente de la calidad de su diseño. En evaluación de costo total: un empaque que no puede ser recuperado en el esquema logístico disponible acumulará eventualmente una externalidad regulatoria que hoy no aparece en el precio negociado.

El caso del tubo de pasta dental de Colgate establece una referencia operativa concreta: el scrap recuperado en sus centros de acopio se utiliza para fabricar envases de la crema para peinar Caprice, cerrando el ciclo de material dentro del propio portafolio de la compañía. Ese es el estándar de integración hacia el que apunta la regulación que viene.

Senales de que el sistema esta cambiando

El indicador más concreto a seguir es la publicación del reglamento de la Ley General de Economía Circular. Su entrada en vigor transformará los compromisos voluntarios actuales en obligaciones verificables y establecerá el umbral mínimo de recuperación que las empresas deberán acreditar. Mientras ese reglamento no se publique, la presión sobre la cadena seguirá siendo asimétrica: más intensa para quienes ya operan pilotos de logística inversa que para quienes aún no han comenzado.

Un segundo indicador es la consolidación de modelos de acopio compartido entre múltiples marcas. La viabilidad económica de la recuperación postconsumo depende de que varios actores agreguen volumen sobre la misma infraestructura. Las iniciativas que logren ese acuerdo operativo —independientemente de la empresa que las lidere— serán las primeras en demostrar que el gap entre descarte y acopio puede cerrarse de forma sistemática y no solo en contextos piloto.

Fuentes

  • Thelogisticsworld — La sustentabilidad en empaque está trasladando la complejidad hacia la cadena de suministro (Link)