Demostrar que ese producto no salió de sus líneas de producción requiere evidencia técnica que la trazabilidad convencional no provee

El punto de quiebre

Durante décadas, la trazabilidad fue la respuesta estándar al riesgo de falsificación: registrar dónde estuvo el producto, cuándo se movió, quién lo tocó. Ese esquema era suficiente cuando la piratería se concentraba en bienes de lujo con cadenas de distribución cortas y consumidores atentos.

El e-commerce cambió esa geometría. Hoy, un comprador de mayonesa, proteína en polvo o bebida alcohólica puede recibir un producto falsificado en su domicilio sin pasar por ningún punto de control físico. La cadena de custodia se fragmenta, y la trazabilidad logística —que sigue respondiendo “¿dónde ha estado?”— no puede responder la pregunta que ahora importa: “¿esto fue fabricado por la marca que dice ser?”

La OCDE documentó en su informe Mapping Global Trade in Fakes 2025 que las falsificaciones representaron el 2.3% de las importaciones mundiales en 2021, e identifica un crecimiento preocupante en categorías con riesgo para la salud pública: alimentos, bebidas alcohólicas, suplementos y medicamentos. Este no es un riesgo residual. Es una categoría en expansión.

Donde se acelero el cambio

El mecanismo de exposición es directo. Cuando un producto falsificado utiliza la identidad visual de una marca legítima y el consumidor sufre un daño, la carga de la prueba recae sobre el fabricante original. Demostrar que ese producto no salió de sus líneas de producción requiere evidencia técnica que la trazabilidad convencional no provee.

Pablo Gálvez, Gerente de Ingeniería de Ventas en Koenig & Bauer, planteó este escenario ante la Asociación Mexicana de Industriales del Cartón Corrugado (AMEXICCOR): una marca de mayonesa falsificada que enferma a un consumidor puede generar una demanda contra el fabricante legítimo. La pregunta no es si ocurrirá, sino cómo demostrará la marca que el producto no fue producido por ella.

El sector farmacéutico ya atravesó esa curva de aprendizaje. Cadenas de suministro paralelas aprovecharon la fortaleza de marcas establecidas para introducir producto sin procedencia verificable. La diferencia con alimentos y bebidas es regulatoria, no estructural; el vector de ataque es idéntico.

China concentra aproximadamente el 45% de las incautaciones de mercancía falsificada a nivel mundial, según la OCDE, con base en casi 300,000 registros aduaneros. Esa concentración de origen no reduce el problema: lo industrializa.

Donde golpea esto a Compradores de Empaques

El impacto operativo para un comprador de empaques no es abstracto. Si la especificación no incluye elementos de autenticación verificables, el packaging que se está comprando hoy puede ser replicado por un falsificador con acceso a maquinaria de impresión estándar. Un código QR puede clonarse. La apariencia visual de un empaque flexográfico de alta calidad puede reproducirse.

La pregunta de especificación cambia: ya no es solo “¿el empaque cumple con la barrera, el gramaje y el acabado?” sino “¿tiene algún elemento de seguridad que no sea copiable con equipo convencional?”

Las tecnologías disponibles cubren distintos niveles de inversión y riesgo. En el extremo de alto valor, NFC y RFID permiten autenticación individualizada por unidad. Para categorías de consumo masivo —donde el costo unitario admite márgenes mínimos— la alternativa documentada es más accesible: integrar elementos invisibles de autenticación directamente en el proceso de impresión, verificables mediante aplicaciones móviles, sin modificación significativa del costo unitario. Esto incluye marcas de agua digitales, desplazamiento milimétrico de retícula, barnices con información oculta, microtextos y tintas reactivas a UV.

Ninguna de estas tecnologías requiere rediseño visual del empaque, lo que es operativamente relevante: el comprador puede incorporarlas sin activar un proceso de cambio de control con marketing ni R&D en la mayoría de los casos. La calificación del proveedor sí requiere verificar capacidad técnica de impresión —resolución mínima de 175 líneas por pulgada para flexografía con información oculta.

Que aun podria cambiar la lectura

Lo que esta fuente no resuelve es la cadena de adopción real. El argumento técnico de Gálvez fue presentado ante un foro de industriales del cartón corrugado en México, un contexto específico que no confirma adopción generalizada ni costo validado a escala en otras geografías o sustratos.

Tampoco está cuantificado el impacto diferencial entre categorías: el riesgo de falsificación en una bebida alcohólica premium con distribución internacional no es equiparable al de una marca de consumo básico con distribución regional. La OCDE documenta el crecimiento de la categoría alimentaria como amenaza, pero no segmenta el nivel de exposición por precio, canal o geografía en las fuentes disponibles públicamente.

El mercado de empaques anticontrafacción tiene proyecciones de crecimiento significativas a nivel global —señal de que la inversión sectorial se mueve en esta dirección— pero esas proyecciones no confirman qué parte de la adopción se concentrará en alimentos y bebidas frente a farmacéutico o electrónica.

La pregunta que esto deja a tu equipo

¿Cuántos de los empaques activos en tu portafolio —por SKU y por proveedor— incluyen hoy algún elemento de autenticación que no pueda replicarse con una impresora flexográfica o digital estándar, y qué categorías o canales quedan completamente expuestos si un falsificador decide copiar el diseño?


Fuentes

  • Thefoodtech — La trazabilidad ya no basta: el empaque evoluciona para combatir la piratería alimentaria (Link)